¿Dónde está mi felicidad?
En campaña electoral antes de ir a votar existe un período de reflexión; reflexión sobre qué partido votar, qué político nos parece más adecuado para nuestra sociedad, qué intereses se cubrirán mejor…
Estas fechas  navideñas, llenas de luces y colores, música alegre, villancicos, calles y centros comerciales ociosos, las podemos utilizar también como un período de reflexión quizás más amplio que el electoral.
Reflexión a mi forma de ver, no del catolicismo ni de ideologías, sino reflexión interna, de uno mismo, de tu propio yo; del niño que llevas dentro. Para ello quiero ayudaros a reflexionar con una breve historia.
Érase una vez cierta persona que  nunca estaba contenta consigo misma, siempre ansiaba más, a medida que alcanzaba más logros y mayor posición social, laboral, siempre le parecía poco. Esta persona sólo sentía felicidad en momentos muy breves, acaso someras reacciones químicas de felicidad, que se esfumaban muy pronto. Como una carrera de relevos que  nunca acababa.
Esta persona tuvo un sueño, soñaba que corría una carrera. Corría y corría, no se acordaba cuántas vueltas quedaban. Echó la mirada hacia atrás y le pareció ver un corredor con una capucha y una túnica negra, “es la muerte que me persigue, nunca seré feliz”. Siguió y siguió corriendo,  y cada vez la sombra se acercaba más y más. Él corría y corría pero las piernas parecían fallarle, es como si estuviese destinado a ser infeliz, ya que no parecía alcanzar la meta, su meta. La sombra lo alcanzó y lo paró en seco. “Este es el final” –pensó.
“Llévame contigo, estoy preparado” –le dijo. Nunca seré feliz”. Entonces la sombra se quitó la capucha, y resultó  no ser la muerte, sino un amigo suyo de toda la vida. “¿Por qué corres tanto? ¡Casi no te alcanzo!”. “Vengo corriendo detrás de ti desde hace mucho tiempo, y vengo a decirte que te echamos de menos, que tu familia me ha llamado y que te añoran. ¿Recuerdas esos tiempos en que salías de trabajar pronto y nos íbamos a tomar algo por ahí? ¿Te acuerdas cómo te ibas a casa con dolor en la mandíbula de reír? Vengo corriendo a decirte que si sigues así te quedarás sólo. Me ha costado mucho alcanzarte.”
Con este pequeño cuento quiero deciros que tenemos que pararnos y pensar en lo que tenemos, disfrutar de lo bueno, ser agradecidos y no correr y correr en la vida, porque la felicidad no está ahí delante, sino aquí mismo, que camina a nuestro lado. No tenemos que buscarla, sino dejarla que camine a nuestro lado con las pequeñas cosas de la vida. Feliz navidad a todos.

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